Hablar de economía circular en Colombia implica, necesariamente, hablar de separación en la fuente. No podemos pretender avanzar hacia un modelo en el que los residuos sean aprovechados, transformados y reincorporados a nuevos ciclos productivos si no comenzamos por lo más básico: separar correctamente los residuos desde el lugar donde se generan.
La separación en la fuente es la clasificación de los residuos sólidos en aprovechables y no aprovechables, directamente por parte de los usuarios, para facilitar su posterior recolección, aprovechamiento o disposición final. Así lo establece nuestra normativa y, desde 2021, Colombia cuenta con un código nacional de colores: verde para los residuos orgánicos aprovechables, blanco para los residuos aprovechables —como plásticos, vidrio, metales, papel y cartón— y negro para los residuos no aprovechables.
Sin embargo, tener una norma no significa que el problema esté resuelto.
Los datos muestran que todavía tenemos un enorme desafío cultural y operativo. De acuerdo con las cifras recogidas por el DANE, apenas el 39,9 % de los hogares separaba adecuadamente sus residuos en 2019 y solo el 11,8 % de los residuos eran aprovechados. A esto se suma que más de la mitad de los residuos generados son orgánicos y terminan, en gran medida, en rellenos sanitarios, contribuyendo a la generación de gases de efecto invernadero, actualmente la tasa de los residuos que son aprovechados oscila entre el 14 y 18%, lo cual es completamente insuficiente en términos de economía circular , no obstante es de resaltar el casi 40% de los hogares que separada adecuadamente sus residuos , sin existir ningún tipo de norma coercitiva que lo obligue a realizarlo.
Esto nos demuestra algo fundamental: la economía circular no comienza en una planta de aprovechamiento; comienza en cada hogar, cada empresa, cada comercio, cada colegio y cada espacio público.
Separar correctamente permite mejorar la eficiencia de los procesos de reciclaje, facilita el aprovechamiento de los materiales, reduce la cantidad de residuos que llegan a los rellenos sanitarios, contribuye a disminuir las emisiones y fortalece las oportunidades de generación de empleo para los recicladores de oficio.
Por eso, desde la Cámara Ambiental del Plástico consideramos que Colombia debe dar un paso más decidido.
Es necesario impulsar una verdadera transformación cultural alrededor de los residuos. Esto requiere educación ambiental permanente, incentivos para quienes separan correctamente, articulación entre empresas, autoridades territoriales y organizaciones de recicladores, y herramientas tecnológicas que permitan avanzar hacia una mayor trazabilidad de los materiales.
Pero también debemos discutir medidas de fondo. Colombia necesita avanzar hacia una separación en la fuente realmente obligatoria y efectiva, acompañada de mecanismos que permitan su implementación y seguimiento en los territorios. No se trata únicamente de crear nuevas normas, sino de lograr que las políticas públicas lleguen a los barrios, a las comunidades y a cada ciudadano.
La transformación ambiental no puede depender exclusivamente de decisiones tomadas desde las grandes instituciones. Debe construirse desde la base, desde lo cotidiano y desde las acciones de millones de ciudadanos.
Como sector plástico, asumimos nuestra responsabilidad.
Tenemos el compromiso de promover prácticas responsables, impulsar el diseño y producción de envases y empaques reciclables y reutilizables, incorporar materiales posconsumo y promover alternativas cada vez más amigables con el ambiente. Al mismo tiempo, rechazamos la ilegalidad y la competencia desleal y creemos firmemente en la educación ambiental como una herramienta indispensable para transformar nuestros hábitos de consumo y disposición de residuos.
El plástico no puede ser visto únicamente desde la perspectiva del residuo. Debemos hablar también de diseño, consumo responsable, aprovechamiento, innovación y reincorporación de materiales a los ciclos productivos.
La pregunta que debemos hacernos no es solamente qué hacemos con nuestros residuos después de utilizarlos, sino qué estamos haciendo desde el primer momento para que puedan ser aprovechados nuevamente.
La respuesta comienza con un acto sencillo, cotidiano y al alcance de todos: separar.
Porque separar en la fuente no es un favor que le hacemos al planeta. Es un deber con nuestro futuro.
Andrés Botero Arbeláez
Director Ejecutivo – Cámara Ambiental del Plástico


